CON MILES DE TANGUEROS, LA EMBAJADA DEL JAPÓN, EXTRANJEROS Y LA BENDICIÓN FINAL DE LA LLUVIA, SE REALIZÓ «LA GRAN MILONGA NACIONAL»

CON MILES DE TANGUEROS, LA EMBAJADA DEL JAPÓN, EXTRANJEROS Y LA BENDICIÓN FINAL DE LA LLUVIA, SE REALIZÓ «LA GRAN MILONGA NACIONAL»

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El telón virtual desplomó su pesado lienzo y allí comenzó la fiesta. De un lado los artistas, que expresan su arte y sensibilidad. Del otro lado, el público. Un cóctel de nostalgias y música que llega al alma de los tangueros.
 
La luna alumbra el asfalto para los primeros cortes y quebradas. De costado, el paso ruidoso de la ciudad en acción y el misterio, siempre el misterio… Comienza La Gran Milonga Nacional, once años consecutivos de homenaje al tango.
Caminando por la pista, una feria del baile, unos se animan y otros imitan, tímidamente. Vecinos de distintos puntos del país y del mundo disfrutando de una noche espléndida, por el tiempo y lo artístico.
 
Comienza esa sensibilidad y sentimiento que inspira la música. La platea de los tres escenarios con gente que se animaba pese a la amenaza de lluvia. Se daba ese diálogo entre artistas y público. Los aplausos claros, expresivos, premiaban las interpretaciones y confirmaba la sensación que acaso cada uno sentía crecer a medida que avanzaban los temas.
La música se oía bella y permitía el encanto del ensueño. El tango vibraba a lo largo de la Avenida de Mayo y en los escenarios cambiaban los cantantes, bailarines y orquestas, pero no el sentimiento… ¡Viva el Tango!
 
La Asociación de Patrocinadores del Turismo (APTHGRA) y la Academia Nacional del tango, junto a UTHGRA, ( gastronómicos porteños), y la adhesión del Gobierno de la Ciudad y la Asociación Amigos de la Avenida de Mayo, dieron vida a la nueva edición de La Gran Milonga Nacional, como homenaje al Día Nacional del Tango, que se recuerda el 11 de diciembre próximo.20171202_213637
 
Dante Camaño, titular de APTHGRA Y UTHGRA, Seccional Ciudad de Buenos Aires, luego de muchos años y como excepción, habló en el el escenario número uno. Lo hizo para expresar la alegría del encuentro y destacar la adhesión de la Embajada del Japón, que se sumo a la fiesta con la presentación de artistas.
 
Camaño destacó los 120 años que se van a cumplir de las relaciones diplomáticas de Argentina y Japón e hizo mención al “enamoramiento” de los orientales por el tango y la posibilidad del festejo conjunto en el evento de 2018. Camaño presentó al funcionario diplomático presente en el escenario, consejero Satoshi Hishiyama, quien destacó las relaciones entre los países, la cultura y el tango.
 
Bares, pizzerías y restoranes de la avenida colocaron sillas y mesas en veredas y en la calzada, donde el público descansaba entre tanda y tanda o tomaba un trago mientras observaba el espectáculo del escenario y el callejero, en directo o mediante unas grandes y nítidas pantallas de leds.
Los artistas se turnaban en los tres escenarios, mientras en la calle bailaban desde profesores, «los que saben», hasta viejos milongueros de pasos tranquilos, precisos y seductores.
 
También se veían sensuales damas con tacos agujas, y otras en zapatillas; principiantes que ensayaban lo recién aprendido y algunos que que nunca habían pisado una milonga y se animaron a intentar bailar por primera vez.
 
Allí tocaron orquestas de la talla de La Juan D’arienzo, Los Herederos del Compás, La Héctor Varela, acompañadas por jóvenes cantantes como Pablo Ramos, Diego Solís y Luis Correa, más Charo de Marco y el dúo Marrón y azul, entre otros.
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Sin embargo, los bailarines que se llevaron los más cálidos aplausos fueron dos habitués, literalmente de larga data, de las milongas porteñas: Blanquita, de 93 años, que bailó con el milonguero conocido como «Puchu», y Roberto Serra, de 97, que lo hizo con Amanda, y emocionaron al público al ritmo del vals «Paisaje».
 
¡Y llegó la lluvia! Fue casi a las dos de la mañana, cuando se presentaba el show de Piazzola Tengo y sus bailarines. Pero la gente seguía acompañando…
 
Fue una noche de milonga al aire libre, con mucha presencia de extranjeros, en la que cientos de bailarines anónimos demostraron por qué al tango lo declararon Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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